MI OPINIÓN DE LA SEMANA

BICICLETAS Y TRICICLOS CON PANELES FOTOVOLTAICOS

BICICLETAS Y TRICICLOS CON PANELES FOTOVOLTAICOS

Una bicicleta eléctrica puede ayudarnos a subir una pendiente, recorrer distancias mayores y llegar menos cansados a nuestro destino.
 
Si además cargamos su batería con energía fotovoltaica, unimos dos ideas que me entusiasman: movilidad práctica y aprovechamiento del sol.
 
Mi reciente video sobre bicicletas y paneles solares ha despertado una pregunta muy razonable:
 
¿Cómo se hace y cuánto cuesta?
 
 Empecemos por aclarar cómo funciona.
 
 ¿El panel tiene que ir sobre la bicicleta?
 
No necesariamente.
Para la mayoría de las personas, la opción más sencilla es instalar un panel en un lugar soleado de la casa o en una estación de carga. Allí se recoge la energía durante el día y se carga la batería de la bicicleta mediante un equipo compatible.
 
También existen proyectos que llevan paneles sobre la propia bicicleta o en un remolque. Son atractivos, pero el espacio disponible es pequeño y el panel puede recibir sombras o una orientación desfavorable. Por eso, antes de comprar piezas, conviene decidir dónde se cargará la batería y cuánta energía necesita el recorrido habitual..
 
Un cálculo fácil para comenzar
 
Supongamos una bicicleta con batería de **500 Wh** y un panel de **100 W**.
 
Si el lugar recibe el equivalente a cuatro horas diarias de buen sol, el panel podría producir unos 400 Wh antes de pérdidas. Considerando pérdidas en la instalación y la carga, una estimación inicial sería de alrededor de **300 Wh aprovechables por día**.
 
 
Es un ejemplo para entender las magnitudes, no una promesa de autonomía: la producción cambia según la ciudad, la estación, las nubes, las sombras y la posición del panel.
 
También influye cuánto pedaleamos, el peso transportado y las pendientes. En este ejemplo, cargar por completo una batería vacía de 500 Wh tomaría más de un día soleado.
 
¿Cuánto cuesta?
 
No existe un precio único para una «bicicleta solar».
 
El presupuesto tiene, como mínimo, dos partes:
 
La bicicleta eléctrica y el sistema para cargarla con energía solar.
 
En este último debemos considerar panel, estructura, protecciones y equipos de carga compatibles con la batería. Si queremos guardar energía para cargar de noche, el costo aumenta.
 
 
Mi consejo es: 
Pedir un presupuesto con las especificaciones de la bicicleta y su cargador en la mano.
 
Conectar un panel directamente a una batería sin verificar voltajes y sistema de carga puede dañarla. El ahorro también debe calcularse con honestidad: cargar una bicicleta desde la red suele consumir poca electricidad; la ventaja solar puede ser mayor donde el suministro es limitado o donde varias bicicletas comparten una estación.
 
¿Dónde tendría más sentido?
 
Veo oportunidades en viajes cotidianos, pequeños servicios de reparto, turismo y comunidades que necesitan soluciones de transporte ligeras.
 
Ya hay proyectos de estaciones solares para bicicletas eléctricas; la idea ha salido del papel, aunque cada lugar necesita estudiar su demanda y sus condiciones de sol.
 
¿Será un «boom»?
Podría crecer, pero su éxito dependerá de que sea útil y asequible para quien la conduce.
 
A mí me interesa especialmente lo que esta tecnología puede enseñar a nuestros jóvenes y técnicos: empezar con una necesidad real, medir la energía requerida y diseñar una solución segura.
 
De la bicicleta al triciclo: energía para trabajar
 
Si usted quisiera usar una bicicleta eléctrica cargada con energía solar, ¿la emplearía para ir al trabajo, hacer repartos o pasear? Cuénteme también en qué ciudad vive.
 
Esa información puede ayudarnos a preparar el próximo artículo con un presupuesto y un ejemplo adaptados a sus lectores.
De la bicicleta al triciclo: energía para trabajar.
 
 
Ing. Mg. Eliseo Sebastián T.

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Dos días después del cierre oficial del encuentro, la edición 29 de la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP29) concluyó con un acuerdo para el financiamiento climático desde los países desarrollados hacia los países en desarrollo. El domingo 24 de noviembre, a la madrugada de Bakú, capital de Azerbaiyán, la Presidencia de la COP29 anunció que se estableció un objetivo de 300 mil millones de dólares anuales hasta el 2035.

Aunque el monto triplica la cifra acordada en 2009 y alcanzada por primera vez en 2022, está bastante lejos de lo que los países en desarrollo exigían para mitigar y adaptarse al cambio climático y adoptar energías limpias: 1.3 billones de dólares anuales.

“La propuesta de financiamiento no resuelve ni la crisis climática ni las necesidades de los países vulnerables”, dice Daniel Ortega, ex ministro de Ambiente de Ecuador. Reportes de expertos independientes y del Comité Permanente de Finanzas de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) están de acuerdo en que el financiamiento debe exceder un billón de dólares.

“Muchos decían que lo mejor era no tener nada, pero yo difiero”, afirma Sandra Guzmán, fundadora del Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe (GFLAC), quien participó en las negociaciones como asesora de la delegación de Panamá y de la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC). La experta cree que, por un lado, traspasar esta decisión a la COP30 de Brasil “habría sido muy lamentable desde el punto de vista político”.

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