MI OPINIÓN DE LA SEMANA

¿ESTÁ PREPARADA NUESTRA CASA PARA UN APAGÓN PROLONGADO?

¿ESTÁ PREPARADA NUESTRA CASA PARA UN APAGÓN PROLONGADO?

La electricidad se ha convertido en una necesidad fundamental dentro de nuestros hogares. Dependemos de ella para conservar los alimentos, comunicarnos, trabajar, estudiar, iluminar las habitaciones y utilizar diversos equipos indispensables. Sin embargo, pocas familias se preguntan qué ocurriría si el suministro eléctrico desapareciera durante varias horas o incluso durante uno o dos días.
 
 
Los apagones pueden producirse por fallas técnicas, mantenimiento, accidentes, fenómenos naturales, sobrecarga de las redes o emergencias inesperadas. Cuando suceden, comprobamos inmediatamente cuánto dependemos de la electricidad y cuán poco preparados estamos para afrontar su ausencia.
 
 
Un apagón no solamente significa quedarse sin luz.
 
La primera imagen que asociamos con un apagón es una casa oscura. No obstante, sus consecuencias pueden ser mucho mayores.
 
 
Sin electricidad, el refrigerador deja de conservar correctamente los alimentos y medicamentos. Los teléfonos móviles terminan descargándose, el servicio de Internet desaparece y algunos sistemas de seguridad dejan de funcionar. En determinados hogares también pueden detenerse bombas de agua, equipos médicos, portones eléctricos y herramientas necesarias para trabajar.
 
 
Por esa razón, prepararnos para un apagón no debe considerarse una exageración. Es una medida de prevención y protección familiar.
 
¿Los paneles solares funcionan durante un apagón?
 
Muchas personas creen que una vivienda con paneles solares continuará recibiendo electricidad automáticamente cuando falle la red pública. Pero esto no siempre es así.
 
La mayoría de los sistemas fotovoltaicos conectados directamente a la red se desconectan durante un apagón. Esta medida de seguridad evita que los paneles envíen electricidad hacia las líneas mientras los técnicos realizan reparaciones.
 
 
Por lo tanto, una instalación solar convencional, sin baterías ni un sistema especial de respaldo, puede dejar la vivienda sin energía aunque exista abundante sol sobre el techo.
 
 
Para disponer de electricidad durante una interrupción del servicio, se necesita generalmente un inversor híbrido o un equipo preparado para trabajar de manera independiente, acompañado de baterías, protecciones eléctricas y un tablero que separe los circuitos prioritarios de la vivienda.
 
No necesitamos alimentar toda la casa.
 
 
Prepararse para una emergencia no significa necesariamente instalar un sistema capaz de mantener funcionando todos los electrodomésticos.
 
 
Lo más razonable es identificar primero los consumos esenciales:
 
1. Algunas lámparas LED.
2. El refrigerador.
3. Los teléfonos móviles.
4. El módem o equipo de comunicación.
5. Una computadora portátil.
6. Una radio.
7. Una pequeña bomba de agua, cuando resulte indispensable.
8. Algún equipo médico utilizado por un integrante de la familia.
 
 
Un televisor grande, una cocina eléctrica, una ducha eléctrica, un horno, una plancha o un equipo de aire acondicionado consumen mucha más energía. Mantenerlos funcionando durante un apagón exigiría una instalación considerablemente mayor y más costosa.
 
 
La prioridad debe ser conservar los alimentos, mantener la comunicación, iluminar los espacios principales y atender las necesidades de salud y seguridad.
 
Tres niveles de preparación familiar
 
1. Preparación básica
 
Toda vivienda debería contar con linternas recargables, lámparas LED de emergencia, baterías externas para los teléfonos y una radio portátil.
 
También conviene mantener estos equipos cargados y ubicados en un lugar conocido por toda la familia. Tener una linterna guardada no sirve de mucho si durante el apagón nadie recuerda dónde se encuentra.
 
2. Pequeño respaldo solar
 
Una estación de energía portátil, acompañada de uno o dos paneles solares, puede alimentar teléfonos, luces, una computadora y algunos equipos pequeños.
 
Esta alternativa es relativamente sencilla y no requiere modificar toda la instalación eléctrica de la casa. Puede resultar apropiada para departamentos, pequeños negocios y viviendas que buscan un respaldo inicial.
 
3. Sistema solar con baterías
 
Una solución más completa utiliza paneles solares, controlador o inversor híbrido, banco de baterías, protecciones y circuitos eléctricos prioritarios.
 
 
Durante el día, los paneles generan energía y pueden recargar las baterías. Cuando la red pública falla, el sistema de respaldo alimenta únicamente los equipos previamente seleccionados.
 
 
Su tamaño debe calcularse de acuerdo con la potencia de los aparatos, las horas de funcionamiento necesarias y la cantidad de días de autonomía deseada.
 
La batería es el corazón del respaldo.
 
Los paneles solares producen electricidad cuando reciben radiación solar, pero no almacenan esa energía. La batería es la encargada de conservarla para utilizarla por la noche, durante periodos nublados o cuando se interrumpe el suministro de la red.
 
 
No todas las baterías ofrecen la misma capacidad, duración o seguridad. Tampoco deben instalarse de manera improvisada. Es necesario seleccionar una tecnología apropiada, calcular correctamente el almacenamiento requerido y colocar las protecciones correspondientes.
 
 
Una batería demasiado pequeña se descargará rápidamente. Una excesivamente grande elevará innecesariamente el costo del proyecto. El equilibrio depende de conocer primero cuánto consumen los equipos realmente indispensables.
 
La seguridad no puede dejarse de lado.
 
Un sistema de respaldo solar debe incorporar fusibles o interruptores adecuados, puesta a tierra, conductores correctamente dimensionados y dispositivos de desconexión.
 
 
También debe impedir que la energía producida en la vivienda regrese accidentalmente hacia la red durante un apagón. Esta protección es indispensable para evitar accidentes entre los trabajadores que reparan las líneas eléctricas.
 
 
Por esa razón, una instalación fija debe ser revisada o ejecutada por una persona técnicamente capacitada.
 
La energía solar es segura y beneficiosa cuando se diseña correctamente; la improvisación eléctrica, en cambio, puede ocasionar incendios, daños en los equipos y descargas peligrosas.
 
Prepararnos antes de que ocurra.
 
No tenemos que esperar a que llegue una emergencia para descubrir nuestras necesidades. Podemos comenzar elaborando una lista de los equipos esenciales de la casa, anotando su potencia y calculando cuántas horas deberían permanecer funcionando.
 
 
Después podremos decidir si basta con algunas lámparas recargables y una batería portátil o si necesitamos un sistema solar de respaldo más completo.
 
Asimismo, toda la familia debe conocer la ubicación de los interruptores, las linternas, los cargadores y los números telefónicos de emergencia. Prepararse no depende solamente de comprar equipos; también requiere información, organización y responsabilidad.
 
Mi opinión
 
La energía solar no debe contemplarse únicamente como una manera de reducir la factura eléctrica. También puede convertirse en una herramienta de seguridad y autonomía para nuestras familias.
 
 
No se trata de vivir con temor a un apagón, sino de comprender que nuestra dependencia de la red eléctrica es cada vez mayor.
 
Una vivienda preparada puede mantener la iluminación, conservar sus alimentos, continuar comunicada y proteger a sus integrantes mientras se restablece el servicio.
 
El Sol aparece todos los días y nos entrega gratuitamente su energía.
 
Aprender a captarla, almacenarla y utilizarla responsablemente puede marcar una enorme diferencia durante una emergencia.
 
La pregunta queda planteada para cada familia: si esta noche ocurriera un apagón prolongado, ¿estaría realmente preparada nuestra casa?
 
Ing. Mg. Eliseo Sebastián T.

Suscríbete a mi canal en Youtube:

Adquiere mi libro:

Dos días después del cierre oficial del encuentro, la edición 29 de la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP29) concluyó con un acuerdo para el financiamiento climático desde los países desarrollados hacia los países en desarrollo. El domingo 24 de noviembre, a la madrugada de Bakú, capital de Azerbaiyán, la Presidencia de la COP29 anunció que se estableció un objetivo de 300 mil millones de dólares anuales hasta el 2035.

Aunque el monto triplica la cifra acordada en 2009 y alcanzada por primera vez en 2022, está bastante lejos de lo que los países en desarrollo exigían para mitigar y adaptarse al cambio climático y adoptar energías limpias: 1.3 billones de dólares anuales.

“La propuesta de financiamiento no resuelve ni la crisis climática ni las necesidades de los países vulnerables”, dice Daniel Ortega, ex ministro de Ambiente de Ecuador. Reportes de expertos independientes y del Comité Permanente de Finanzas de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) están de acuerdo en que el financiamiento debe exceder un billón de dólares.

“Muchos decían que lo mejor era no tener nada, pero yo difiero”, afirma Sandra Guzmán, fundadora del Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe (GFLAC), quien participó en las negociaciones como asesora de la delegación de Panamá y de la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC). La experta cree que, por un lado, traspasar esta decisión a la COP30 de Brasil “habría sido muy lamentable desde el punto de vista político”.

This is the subtitle

This is the title

I am text block. Click edit button to change this text.

error: ¡CONTENIDO PROTEGIDO!

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. Acepto Leer más