MI OPINÓN DE LA SEMANA
Logran concentrar mejor la luz difusa del sol para obtener más energía en los paneles solares fotovoltaicos
La energía solar ha sido, por años, una de las mayores promesas para impulsar una transición energética limpia y sustentable. Sin embargo, existe un desafío técnico poco comentado: la luz difusa, es decir, aquella que llega indirectamente desde el cielo a causa de nubes, contaminación atmosférica o dispersión natural.
Tradicionalmente, los paneles fotovoltaicos funcionan mejor bajo luz directa, cuando el sol ilumina de lleno las celdas solares. Por eso, en días nublados o en climas con alta humedad, el rendimiento disminuye notablemente.
Pero recientes avances científicos están comenzando a cambiar este panorama.
Una innovación notable
Investigadores han desarrollado nuevos materiales ópticos capaces de concentrar la luz difusa y redirigirla hacia las celdas fotovoltaicas. Esto se logra mediante estructuras nanométricas que manipulan la luz, no solo la directa sino también la dispersada por la atmósfera.
El resultado es significativo: se incrementa la cantidad de fotones que alcanzan el semiconductor, mejorando la eficiencia energética incluso en condiciones poco favorables.
En términos prácticos, los paneles podrían producir más energía a lo largo del día, y no solamente en horas de radiación máxima.
¿Por qué es relevante?
Porque gran parte de las ciudades con alta densidad poblacional no gozan de cielos completamente despejados. De hecho, regiones enteras dependen hoy del uso de combustibles fósiles debido a la falta de infraestructura solar eficiente ante condiciones variables.
Si estos desarrollos se consolidan comercialmente, implicarían:
Mayor aprovechamiento de techos urbanos
Mejores rendimientos en países tropicales y húmedos
Aceleración del autoconsumo energético
Reducción de gases de efecto invernadero
Democratización de la energía solar
Un paso hacia la independencia energética
La innovación tecnológica no siempre está en grandes obras de infraestructura, sino también en avances silenciosos que mejoran lo existente. Este desarrollo es uno de ellos.
El camino hacia la transición energética global está lleno de retos. No obstante, logros como este permiten visualizar un futuro donde la energía solar no dependa del clima perfecto, sino de la inteligencia científica y la creatividad humana.
Hay que difundir estos avances. Son señales optimistas de un mundo que todavía puede construir alternativas viables y sostenibles.
— Eliseo Sebastián
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Dos días después del cierre oficial del encuentro, la edición 29 de la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP29) concluyó con un acuerdo para el financiamiento climático desde los países desarrollados hacia los países en desarrollo. El domingo 24 de noviembre, a la madrugada de Bakú, capital de Azerbaiyán, la Presidencia de la COP29 anunció que se estableció un objetivo de 300 mil millones de dólares anuales hasta el 2035.
Aunque el monto triplica la cifra acordada en 2009 y alcanzada por primera vez en 2022, está bastante lejos de lo que los países en desarrollo exigían para mitigar y adaptarse al cambio climático y adoptar energías limpias: 1.3 billones de dólares anuales.
“La propuesta de financiamiento no resuelve ni la crisis climática ni las necesidades de los países vulnerables”, dice Daniel Ortega, ex ministro de Ambiente de Ecuador. Reportes de expertos independientes y del Comité Permanente de Finanzas de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) están de acuerdo en que el financiamiento debe exceder un billón de dólares.
“Muchos decían que lo mejor era no tener nada, pero yo difiero”, afirma Sandra Guzmán, fundadora del Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe (GFLAC), quien participó en las negociaciones como asesora de la delegación de Panamá y de la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC). La experta cree que, por un lado, traspasar esta decisión a la COP30 de Brasil “habría sido muy lamentable desde el punto de vista político”.
